Dos años después de la aprobación de la Constitución. las circunstancias
socio-políticas habían cambiado a peor. Una grave crisis económica, la actual no es la
primera de la democracia, cientos de asesinatos de E.T.A en pocos años…También
había cambiado el contexto internacional, que nunca se debe olvidar. En la
potencia líder de Occidente ya no está la Administración demócrata de Carter,
como en 1977, sino el Presidente Reagan, que especialmente en su primer
mandato, mantendría en muchos aspectos posiciones de extrema derecha. En estas
circunstancias el “ruido de sables”, que había empezado a sonar desde la
destitución de Arias Navarrro como Jefe de Gobierno en julio de 1976, se
intensifica. Juan Carlos frena los ímpetus golpistas, pero también asume
prerrogativas en el ámbito militar muy superiores a las que le otorga la
Constitución. No siempre las ejercerá prudentemente. Sus frecuentes entrevistas
con generales, sin la presencia o al menos el consentimiento del Presidente de
Gobierno democrático, fomentaba una relación directa Rey-Militares, que situaba
a Suarez, odiado por “traidor” por buena parte del Ejercito, en una
posición de debilidad.
En ese clima político –militar se efectuó el fallido Golpe de Estado
del 23 de febrero de 1981. Sobre este acontecimiento crucial de nuestra
historia reciente las valoraciones del papel de Juan Carlos en él mismo
varían sustancialmente según las opciones políticas de quién las haga.
Sintéticamente se pueden resumir:
a.) La extrema derecha, al igual que mantuvieron los
procesados por la intentona, menos el general Armada, afirman que el Rey dio “ luz verde” al golpe, siendo su
militar de confianza, el mencionado Armada,
quién transmitió la consigna a los militares encargados de ejecutarlo: Milans del Bosch, Tejero…
b.) La derecha e izquierda moderada no sólo rechazan que
el Rey tuviera cualquier influencia en el Golpe, sino que le atribuyen un papel
esencial en su fracaso.
c.) La
extrema izquierda, desde una posición lógicamente contraria al golpe, coincide
en considerar al Rey su impulsor en la sombra. Aún hoy se dice en alguna cadena
de televisión que “todavía falta mucho
por saber de lo que pasó realmente el 23 de febrero.”
En mi opinión la valoración de aquellos
acontecimientos de la extrema derecha e izquierda es falsa y la de los moderados
matizable. Que Juan Carlos fuera instigador del golpe es una suposición que se
refuta por la sencilla evidencia que, con el Gobierno y el Parlamento
secuestrados, él y sólo él podía detener el Golpe de Estado.
Insistiré en algo que ya escribí anteriormente. A
los Capitanes Generales de las distintas regiones militares en su totalidad, o
casi, la Constitución se les daba ”tres cominos”. El Capitán General de Madrid,
Quintana Lacacci, al parecer declaró
posteriormente “si el Rey esa tarde me
dice que salga con mis unidades, me pongo en el primer tiempo de saludo y
salgo”. Quintana fue una figura
fundamental para que fracasara el Golpe al impedir que la División Acorazada
Brunete tomara Madrid. En resumen es excesivamente complicado explicar de forma
convincente que Juan Carlos por activa o por pasiva respaldará un Golpe de Estado
que él, casi de forma personal, hizo
fracasar.
Dicho lo anterior, probablemente ejerció con mucho
celo su papel de muro de contención de la democracia frente a los militares. Ya
su abuelo Alfonso XIII , que tuvo
mucha dedicación a las cuestiones militares, a diferencia de su nieto, acabó dando
legitimidad al Golpe del general Primo
de Rivera . Que el final de la dictadura de Primo condujera al
derrocamiento de la Monarquía y la proclamación de la II República, como
antecedente histórico pudo contribuir a la lucidez de Juan Carlos en instantes decisivos.
Las cenas, sin testigos presentes, que el entonces Rey realizó con un hombre
clave en el golpe del 23-F, como lo fue Armada,
en el Valle de Aran y tal vez alguna entrevista en la Zarzuela, con el curso de
los acontecimientos se desvelarían como
extraordinariamente imprudentes. En los días siguientes a cada encuentro
privado con el Rey, Armada se desplazaría a Valencia para entrevistarse con
Milans. Lo fundamental de lo tratado en estos encuentros no se conoce con
claridad, pues las versiones que Armada y
Milans dieron en el proceso
jurídico-militar que siguió al fracasado golpe fueron contradictorias. Puesto
que ambos han muerto nunca sabremos más. Lo que es un hecho cierto es que Armada consiguió la promesa del Rey de
recuperarlo de su “destierro” en Lerida y fue nombrado, con la oposición de
Suarez, Segundo Jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra. Este destino era
idóneo para las enormes ambiciones de Armada.
Si el Rey pretendía con este nombramiento que Armada controlara y le informara de los conocidos movimientos
golpistas en el Ejercito, por emplear un
refrán popular, “puso al zorro a cuidar
de las gallinas,”
El 10 de enero de 1981 se entrevistaron por última
vez los dos generales, antes del día decisivo. Ocho días después de la
entrevista Milans reunió en un piso de Madrid a lo que sería el
núcleo dirigente del Golpe. Prudentemente Armada
excusó su presencia y no asistió a la reunión. Al ser más los presentes se
conoce con mayor precisión lo tratado en la misma. El operativo del Golpe. Milans tomaría Valencia, Torres Rojas, antiguo general al mando
de la División Acorazada Brunete, desplazado a La Coruña por cautela
democrática, retomaría el mando de la División, con el apoyo de Jefes afines como San Martin y Pardo Zancada, y
ocuparía Madrid .Finalmente Tejero secuestraría al Congreso y al
Gobierno. El 23 de febrero sólo fracasaría Torres
Rojas, y con su fracaso el Golpe.
Muertos Armada
y Milans sólo Juan Carlos conoce parcialmente lo tratado en estas entrevistas tan
confidenciales como determinantes. Y no creo que el antiguo Monarca tenga
interés en contar lo que habló con su antiguo tutor Armada, treinta y tres años después. De lo que pasó el 23-F se
saben bastantes cosas, otras se pueden suponer y algunas seguramente no se
sabrán nunca. En mi opinión el astuto y ambicioso Armada engañó, hasta cierto punto al Rey y a Milans. Posiblemente, más o menos convenció al Monarca que un
Gobierno Constitucional, de concentración nacional, presidido por él, podría
ser la solución a la grave crisis que atravesaba España, y que Suarez era incapaz de solventar. Sin
duda le ocultó sus contactos con los golpistas. A Juan Carlos le falló en su trato con Armada el fino olfato político del que tantas veces ha hecho gala.
A los golpistas les transmitió la aprobación regia
para hacer lo que lo que hacía años deseaban hacer, de hecho Tejero ya lo había intentado en 1978
con la fracasada operación “Galaxia” : dar un Golpe de Estado que acabara con
la democracia. Milans y por boca de él los otros jefes del “cuartelazo” oyeron lo
que querían oír, sin que les interesara lo más mínimo comprobar su veracidad.
Prueba de ello es que Milans, Capitán
General de Madrid, de grado militar Teniente General, por tanto de más rango
que Armada que era General de División, fácilmente podía solicitar audiencia
con el Rey y comprobar si lo que le contaba Armada sobre la aprobación regia al Golpe que él iba a dirigir era
cierta o no. Nunca lo hizo.
Fracasado el Golpe fueron condenados a prisión sus
principales ”cabecillas”, y a consecuencia de ello expulsados del Ejercito. En
octubre de 1982 se produjo la aplastante victoria electoral del PSOE. El nuevo
ministro de Defensa Narcis Serra
realizó desde que accedió al Ministerio una excelente política militar, para terminar
con los rescoldos golpistas en las Fuerzas Armadas, y por fin conseguir
que el Ejército español fuera lo que
debía ser, y hacía muchos años que no era: una Institución más del Estado, y no
un poder autónomo y amenazante dentro del Estado.
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