miércoles, 24 de septiembre de 2014

La Monarquía y el juan carlismo (III)



En poco tiempo desde la llegada de los socialistas al Gobierno el Ejército dejó de ser un foco de atención política. Sin duda los diez millones de votos socialistas, el gusto amargo que debió dejar el fracaso del fallido Golpe, la profunda remodelación que se efectuó de los Servicios de Inteligencia  que por fin más que ser un nido de “golpistas” se convirtieron en los “ojos” del Gobierno en el  Ejército, convencieron a muchos militares que eran otros tiempos y que cualquier nueva conspiración estaba condenada al fracaso. Se terminó el “ruido de sables”. En 1986 España  ingresó en la Comunidad  Europea, al fin éramos europeos y no sólo geográficamente. Se inició en 1985 un ciclo económico expansivo, que  con alguna breve recesión, duraría hasta el año 2008 y que permitiría transformar sustancialmente la vida de los españoles. En ese nuevo marco la popularidad de Juan Carlos  alcanzó cuotas elevadas, Todo eran elogios a su persona en los medios de comunicación. Todos los partidos políticos del arco parlamentario mostraban siempre el máximo respeto a su figura. Sin duda fueron los mejores años de su vida después de la dureza de su juventud como “ahijado” de Franco, y con un padre tan inepto como errático, que constantemente le “daba la lata “con sus derechos dinásticos, a los que de “facto” había renunciado, cuando pactó con “el Caudillo” en el Azor, que Juan Carlos se educara bajo la tutela del Régimen. Las Olimpiadas, las cumbres Ibero-Americanas en las que tenía un papel simbólico relevante como único Monarca entre los asistentes, el buen trato que recibía en las cancillerías europeas y en los Estados Unidos contribuyeron a reforzar su proyección internacional.

En esos años se le consentían a Juan Carlos frivolidades como cuando la grave crisis internacional que provocó la invasión de Kuwait por Irak el 1 de agosto de 1990, no suspendiera sus vacaciones, como hizo el Presidente del Gobierno español y casi todos los Jefes de Estado occidentales. Él al contrario pasó el mes de agosto en Mallorca navegando y dedicando su tiempo a otros placeres estivales. Sin embargo pronto se olvidó, después de algunas prudentes críticas en la Prensa. Citó este acontecimiento como indicador de la benevolencia con que la opinión pública y la publicada trataban al Monarca.

A partir del año 2008 todo empezó a “torcerse”. Como ya escribí antes la crisis económica que empezó a manifestarse ese año, y que continúa sin concluir, generó un clima de descontento social que afectó a todas las Instituciones del Estado. Para las nuevas generaciones el papel del Rey en la Transición o en el fracaso del Golpe era historia aprendida en los colegios, y no experiencias vividas. El “tabú” que protegía su figura empezó a resquebrajarse en los medios de comunicación y empezaron a aparecer noticias menos respetuosas que antaño. La estocada final que le llevaría a su abdicación el 2 de junio de 2014 fue el conocido como caso Noos, que afecta de lleno a su hija Cristina y a su yerno Iñaki Urdangarin. Está pendiente la finalización del procedimiento judicial en el que ambos están incursos. Pero la sociedad española ya ha dictado sentencia: culpables. Y no sólo eso sino que buena parte de ella considera, con razón o sin razón, que las presuntas actividades ilícitas del matrimonio se realizaron con la aprobación tácita del Monarca o con su directo respaldo en ocasiones.

En pocos años su popularidad cayó en picado y con ella la de la Monarquía como Institución. En la primavera del 2012 un trivial incidente como que estuviera cazando elefantes en Botswana levantó una enorme ”polvareda”. Tampoco era para tanto. Los reyes en general siempre han sido aficionados a la caza. Además en Juan Carlos tal vez influyo las aficiones cinegéticas de su “padre político”. Ciertamente Franco nunca cazó elefantes, pero eso se debía a que jamás se desplazaba fuera de España y como todo el mundo sabe en la Península los elefantes se extinguieron hace miles de años. Tan grande fue el escándalo que al salir del hospital donde le atendieron de las lesiones que había sufrido al caerse por una escalera durante la cacería que se vio obligado a pronunciar las célebres frases”Lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir.” Nunca precisó lo que no volvería a ocurrir: cazar elefantes, que le acompañara una ¿princesa? alemana o caerse por las escaleras. En cualquier caso esta humillante declaración para nada le sirvió. La confianza es como la leche derramada, cuando se derrama se pierde para siempre. En esas fechas Juan Carlos ya había perdido la confianza de los españoles. Después de dos años de “remar contra-corriente” abdicó. Con su renuncia al trono se cierra un ciclo histórico.

Su sucesor Felipe VI  ha sido educado y formado en un contexto de libertades públicas y por tanto en todos los aspectos es un Rey constitucional. Un Monarca en un sistema parlamentario debe ser honrado, austero, transparente en sus gastos… Tampoco cabe exigirle más. No puede, ni debe tener ningún papel en solucionar las graves crisis sociales o territoriales que afectan a España. Por emplear un símil extraído del mundo futbolístico; siempre se dice que el mejor árbitro de un partido es el que pasa desapercibido. Pues de la misma forma un Monarca Constitucional debe ejercer su función con la mayor discreción. El protagonismo mediático de su padre en los últimos años es un claro ejemplo que si un Rey tiene gran presencia en los medios de comunicación, en una democracia, casi seguro que es para mal.

Las primeras actuaciones de Felipe VI van en la buena dirección. Que no hubiera ceremonia religiosa en su coronación es un buen paso para terminar con la decimonónica Alianza entre el Trono  y el Altar. Cuando finalmente consigamos que el Estado Español sea autenticamente laico, la Monarquía deberá serlo también, independientemente de las respetables creencias privadas del Rey. También ha adoptado algunas saludables decisiones sobre la transparencia de los gastos de la Casa Real. No hay ningún motivo para temer, de momento, que mientras los españoles no decidamos cambiar nuestra forma de Estado, Felipe VI no vaya a cumplir adecuadamente su función de Monarca constitucional.

En cuanto al ya ciudadano Juan Carlos, con sus luces y sus sombras, creo que con el tiempo se le considerara uno de los mejores reyes de los más de quinientos años de desdichada historia de nuestro país. Tampoco el listón estaba muy alto.


No hay comentarios:

Publicar un comentario